Violencia Obstétrica


Imagen:  Cuatro TuercasImagen:  Cuatro Tuercas

Imagen: Cuatro Tuercas

Violencia Obstétrica, indeseable, mortífera, pasada por alto, minimizada, presente en todas las latitudes, una forma más de violencia de género que va dejando secuelas a su paso con una frecuencia aterradora.

¿Quién ha tenido un parto maravilloso, un parto del que no haya tenido que recuperarse, al que no haya nada que cambiarle, reprocharle, quitarle? Nos  han vendido la noción de que “lo importante es que la criatura está sana” y a las que parimos nos han colocado, así, en la lista de lo irrelevante. Da igual que hayas quedado con la cuerpa y/o el alma maltrechas, que una sombra postparto te acompañe por algunos meses, años o por el resto de tus días, que te queden heridas sangrantes, que…. Da igual, porque “al menos tu criatura está bien”. Como si tu criatura fuera la única persona en esta ecuación, como si fuese el único valor implícito en todo este jaleo al que llamamos parto.

No se acostumbran a tratarnos como personas que somos, con inteligencia, con voluntad, con deseos, con derechos… No se acostumbran.

No se hacen a la idea de que el embarazo no es una enfermedad que algún agente externo “cura” con el parto, a veces tan interferido, que no se sabe si es una quien está pariendo, o si alguien más lo está haciendo en su lugar.

Comentarios fuera de lugar, procedimientos protocolarios, insensibilidad, falta de empatía… Nunca he comprendido que la gente carente de empatía y sensibilidad trabaje con personas, nunca.

Violencia temprana también contra las crías: “te programo, te separo, te peso, te mido, te limpio, te envuelvo, te alejo, de aíslo, te ignoro, te anulo”. Y luego vemos las noticias y nos jalamos los cabellos al no comprender de dónde viene tanto desamor, rencor y violencia en las acciones cotidianas de tanta y tanta gente que, además,  nos parece lejanísima porque está allá, en la pantalla, en el diario, en la radio.

¡Que las madres pueden parir! ¡Que las madres saben parir! ¡Lo hemos hecho por milenios!

Que no perdemos la inteligencia a la hora del parto, ni la autonomía, ni la creatividad, ni la sabiduría (aunque agentes externxs nos estorben).

Necesitamos comprender que las madres pueden y saben (¡oh, lo siento, egos!) totalmente parir sin ayuda, otra cosa es desear sentirse amorosamente acompañada en un ritual divino que se ha venido repitiendo desde el mismo comienzo de la humanidad. 

¡Hay tantas heridas abiertas relacionadas con el nacimiento de nuestras criaturas!

Dijo Ina May Gaskin: “The way a culture treats women in birth is a good indicator of how well women and their contributions to society are valued and honored.” 

La forma en que una cultura trata a las mujeres en el momento del parto es un buen indicador de qué tan bien valoran y honran a las mujeres y sus contribuciones a la sociedad.

Poco que agregar, un diagnóstico desolador, una realidad descorazonadora.

Por eso cada año, en el Día internacional para la erradicación de la violencia contra las mujeres, numerosos grupos de personas se manifiestan alrededor del mundo para denunciar la violencia obstétrica, entre ellos, La revolución de las rosas, a la luz de la que recorro este camino de concientización, denuncia y sanación.

Queremos que nuestros partos sean NUESTROS, que sean libres de violencia, y que nos llenen de dicha, y sólo de dicha, al recordarlos.

Yo me uní a la revolución de las rosas porque toda madre merece recordar la primera vez que vio la cara de su bebé, y yo no lo recuerdo; lo único que consigo es recordar a la comadrona hablando banalidades a gritos, sin parar, con su asistente, y a mí deseando que cerrara el pico de una puñetera vez. Y esta, esta no es, de ninguna manera, una forma aceptable de recordar el nacimiento de mi bebé.

Es imprescindible poner fin a la violencia obstétrica YA MISMO.

Ana

Publicado por Ana

Mujer, hija, esposa, madre, hermana, madrina, sobrina, amiga, aprendiz, caminante. Me encanta dibujar, cocinar, danzar, viajar, leer, cantar. Estreno ahora mi nueva faceta de bloggera con fines terapéuticos.

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