Mi premenstrual, aliada enemiga

Ya sé, el título parece contradictorio, pero es que así siento esta etapa y enseguida voy a explicar por qué.

Ahora mismo estoy saliendo de una premenstrual que me arrastró por los infiernos y me hizo enfrentar fantasmas (the old and the new) que a ratos, sinceramente,  preferiría haber seguido ignorando. Y pude haberlo hecho, pero supongo que estaba preparada para dejar de hacerlo.

Mi premenstrual es mi "enemiga", en primer lugar, porque me muestra descaradamente (¡¿cómo se atreve?!) las cosas que no tolero en mi vida, las que no son parte de mi ser esencial o de mis mayores aspiraciones; me las restriega así sin más, ¡como si le hubiese preguntado su opinión! Y yo que tanto me he esforzado por racionalizarlas, por tenerlas en un segundo o tercer plano de atención, ¡qué premenstrual tan atrevida!

Mientras que en otras etapas soy condescendiente o más conciliadora, en la premenstrual me es imposible, es que, aunque quiera, no me sale, es una etapa en la que necesito ser mucho más leal a mi ser, es como si tuviera unas gafas especiales que no toleran ninguna distorsión favorable de la realidad: las cosas son como son, sin cubierta azucarada. En premenstrual todo se ve más claro y mi cuerpa así me lo dice (ya perdiendo la paciencia, si es que me lo venía diciendo desde hacía rato): "¡Que no, que no quiero salir!" "¡Que no, que no quiero hacerlo!" "¡Que sí, que quiero bajar el ritmo!", "¡Que quiero dormir!", "¡Que no puedo pasarlo por alto!", "¡Que quiero desconectar!", "¡Que necesito estar solaaaaa!", etc.

Esa visión tan clara de mis propias necesidades aplica también a las relaciones humanas, a los miedos, a los proyectos, etc. Así que, naturalmente, eso puede volverla también una "enemiga peligrosa": ¿A quién le apetece enfrentar al puñetero fantasma de los abusos que se vivieron en la infancia? (¡Sí, sí, es que la premenstrual me trae todos esos asuntillos pendientes, le da igual que sean de ayer o del día de mi nacimiento, si dan problemas en el presente, ella los trae para que los resuelva, punto!) ¿A quien le apetece ver lo incómoda que se está volviendo tal relación, o tal persona, o tal empleo? ¿A quién le apetece romper ese patrón neurótico de comportamiento que, si bien es tóxico, nos ha funcionado más o menos bien hasta ahora? A mí, la verdad, no siempre.

Y es que lo que en otra etapa del ciclo puede "resolverse" con un poco de racionalización y un "bueno, no es para tanto, tal vez estoy exagerando, vamos a intentarlo de nuevo", en premenstrual puede provocar más bien un "¡pero si siempre es lo mismo, estoy harta, no tiene caso seguir con esto!" Así de realista es mi premen.

Esta etapa es también mi aliada, entonces, por exactamente las mismas razones ya que, si bien no es plato de buen gusto enfrentar según qué asuntos pendientes, hacerlo es claramente indispensable en aras de continuar con mi crecimiento personal. Si mis aspiraciones fueran permanecer estática, supongo que daría igual pero, al ser una persona en desarrollo, la etapa premenstrual suele darme el empujón que me hace falta para tomar decisiones, romper círculos viciosos, derrotar fantasmas (o, al menos plantarles cara) y definir límites en la relación con otras personas. También es en esta etapa en la que tengo la oportunidad de reencontrar mi cauce en caso de haberlo perdido y ni si quiera haberme dado cuenta, es como una gran lupa que me hace más sencillo ver los obstáculos que anteriormente he obviado en mi camino.

El hecho de que mi premenstrual me invite con insistencia a priorizar-me, a ser más honesta conmigo, con mis necesidades y limitaciones, hace de esta etapa una aliada imprescindible en la búsqueda de mi ser más auténtica.

Me viene a la cabeza el ejemplo de las criaturas recién nacidas que, cuando empiezan a sentir hambre, van mostrando sutiles señales que, de observarse y atenderse oportunamente, pueden evitar que la criatura termine encontrándose, después de un rato, ante una necesidad ya avasalladora e inaplazable que suelen manifestar a través del llanto, cada vez más intenso. Creo que así es también la expresión de mi ser esencial, una vocecita que me habla sutilmente a lo largo de mi ciclo menstrual y que, de atenderla oportunamente, me conduce a una etapa premenstrual suave y fácilmente transitable mientras que, si fue ignorada o procrastinada a lo largo del ciclo, encuentra en la premenstrual la aliada perfecta y necesaria que la ayuda a, finalmente, hacerse escuchar. El suave susurro de mi ser esencial a lo largo de mi ciclo menstrual puede convertirse en gritos desesperados y ensordecedores en la etapa premenstrual si para entonces no he atendido a su llamado.

He de decir también, y lo escribo entre risas, que he transitado, en consciencia, una sola premenstrual suave y fluida. Y me da mucha risa porque esto implica, seguramente, que soy muy cabezota, no se lo pongo nada fácil a mi pobre premenstrual y casi en cada ciclo quedo en deuda conmigo misma. Años y años de educación patriarcal en la que uno de los pilares ha sido la desconexión de mi propia cuerpa no son algo fácil de deconstruir; el trabajo de re-conectar conmigo misma y, una vez conseguido esto, atender a mis necesidades, priorizándolas ante las de lxs demás, también contra todo aquello que me fue inculcado, especialmente a mí, representa un esfuerzo continuo, un proceso que requiere de mucha consciencia y en el que suelo dar un paso hacia adelante y dos hacia atrás, a pesar de todo. Y, sin embargo, mi etapa premenstrual no deja de ser una ventana de oportunidades, un momento de lucidez y honestidad que, vivida conscientemente, me ofrece diversas enseñanzas que, con algo de constancia, iré comprendiendo y aprehendiendo en el camino. Y de estas oportunidades y enseñanzas hablaré un poco más en la próxima ocasión.

Y tú, ¿cómo sientes tu premenstrual, más como tu aliada, como tu enemiga, o ambas? ¿Cómo te llevas con esa etapa? 

Ana Matricia