María Montessori

Compartir en este blog acerca de las mujeres en la ciencia está siendo toda una rica experiencia. Y es que no he querido quedarme con la información de la wikipedia para documentar mis textos sino que he querido saber más, comprender mejor, dar un significado en mi propia vida a la obra e historia de estas magníficas mujeres.

Yo nunca fui hábil en las clases de historia, eso de memorizar acontecimientos, nombres y fechas vacíos de significado no se me dio ni se me ha dado bien nunca, en ninguna área, no lo proceso. Mientras me documentaba sobre la vida de María Montessori, mi hija de 4 años me dio la maravillosa idea de buscar videos acerca de su vida y obra, que será siempre mucho más significativo para mí, que soltarme a leer como una loca y pasar los desafíos que pasé cuando era estudiante con su consecuente estrés.

Para muchas personas, como para mí, es más sencillo procesar y acomodar la información cuando llega desde varios canales de percepción.

La vida y obra de María Montessori es tan alucinante, que seguramente dará para más de una entrada. Y es que, ya desde el comienzo hay que darse cuenta de que, para ella como para toda mujer, haber contribuido a cualquier área del conocimiento tiene dos o tres veces más mérito que si fueran varones o que si el mundo estuviese libre de machismo. Y no, no estoy siendo sexista, solamente realista.

Porque es imprescindible reconocer que en el camino que llamamos "la Historia",  los varones han transitado en carrazos de último modelo, recién salidos de la agencia, con todos los gastos y comodidades pagadas y por autopistas modernas y de alta tecnología; mientras tanto, las mujeres ya se sabe que hemos transitado, en pocas palabras, como hemos podido, que podría representarse, sin temor a equivocarme, más o menos como pedalear en una bicicleta con la cadena descompuesta, cuesta arriba sobre una montaña, con maletas, tres críos a cuestas, sin dinero, con hambre y con frío, empeorando (o no) las circunstancias, según la época y contexto geográfico en los que hayamos tenido a bien nacer y crecer.

María Montessori no iba a ser la excepción, ¿verdad? Imaginemos el contexto para una mujer en Italia, finales del siglo XIX, con su cultura machista, tener la osadía de estudiar medicina. Viajo a su contexto y puedo imaginar fácilmente mucho de lo que aún hoy sigue vigente, pero antes a lo bestia y más normalizado, es más, legalizado: obstáculos, críticas, dedos señaladores, prejuicios sexistas, envidia... Y es que ¡¿cómo se le ocurría, en primer lugar, pensar por su cuenta?! A ver, estudiar pedagogía es una cosa, pasar el rato ahí con niñitxs, que es lo mismo que hace una buena mujer, una mujer "de familia" (siempre me pareció ridícula esa expresión), es una cosa peeeeero... ¡¿Estudiar medicina?! ¡Qué despropósito! La medicina es una ciencia, es algo serio, difícil, de categoría... ¡Es cosa de varones, en breve!

Los prejuicios de ser mujer y no estar encerrada entre cuatro paredes sirviendo a un varón (padre, esposo, hermano, hijo, da igual) y guardándole obediencia; el rechazo de una institución pensada exclusivamente por y para varones; la envidia de sus compañeros ante su capacidad y desenvoltura y la de las mujeres que jamás se habrían atrevido ni a soñar en abrazar un destino diferente al que les había sido impuesto en paquete con su combinación de cromosomas sexuales; las pruebas constantes a las que se enfrentaba para demostrar que sí podía, que sí merecía un espacio en la medicina, el gasto energético y emocional no solamente de hacer su trabajo y hacerlo bien, sino de saber que estaba bajo el ojo inquisidor 24 horas al día; la violenta presión patriarcal para elegir entre formar una familia o "ser alguien"; el inconcebible (para muchas, para mí) dolor de separarse de su único hijo por los prejuicios y la doble moral de la sociedad...

A veces vemos el legado de las grandes mujeres de la historia (y ya es ganancia) y lo percibimos como cualquier otro logro y no es así. Independientemente de los obstáculos que en su tarea hayan tenido que sortear también algunos personajes masculinos de la historia, sabemos que las mujeres sortearon eso y sortearon más por ser mujeres; es más, sortearon en sí mismo el hecho de ser mujeres (y lo seguimos haciendo, con consciencia o sin ella, eso da enteramente lo mismo), por ridículo que suene.

Por ello seguiré insistiendo en recuperar no solamente su obra, sino también sus historias, esas historias que nos son comunes, esas historias que han allanado el camino para nosotras, las que llegamos después y que, en un acto de justicia, y responsabilidad, hemos de seguir usando como ejemplo y guía para el desarrollo de nuevos modelos de educación y convivencia que nos ayuden a construir una sociedad más justa y equitativa para todxs lxs hijxs de la Tierra.

Habrá una segunda parte de María Montessori, la habrá; esta vez para recordar su importante legado en la educación infantil.

Ana Matricia