La teta y mis motivos

Con frecuencia leo a mujeres que afirman dar la teta porque es un acto de amor, un acontecimiento mágico, un espacio maravilloso de conexión con sus bebés y otras dulzuras similares. También las hay que se ciñen a los argumentos científicos y dan la teta debido a sus propiedades nutritivas, protectoras, etc. Y hay, desde luego, quien la da por todo lo anterior y por más. Aunque lo he experimentado también así en momentos muy puntuales de la lactancia, cuando cojo esa pregunta lanzada a la red, no puedo responder que las anteriores sean mis razones principales. Cuestión de individualidades.

Para mí, dar la teta es un acto revolucionario.  Cuando el mercado está inundado de chupones, biberones y leches "maternizadas" de todos los colores, tamaños, marcas y diseños; cuando tantos sectores comerciales osan indicarme la inmensa cantidad de artefactos que necesito para alimentar a mis hijxs; cuando la barbarie capitalista emplea todos sus recursos en intentar convencerme de que la leche "maternizada" es una excelente opción, yo alimento a mi hijo con la teta. (No necesito nada más, ¡¿te enteras?!)

Para mí, dar la teta es también un acto de rebelión. En un mundo donde todxs se sienten con el derecho y la sapiencia de dictaminar lo que yo puedo o no, lo que yo debo o no, lo que se espera o no que haga, yo simplemente doy la teta. Cuando hace falta, donde hace falta. Lo mismo sentada en una banqueta en la mitad de mi camino a casa que en un acotamiento el plena autopista. (Resulta que lxs bebés no entienden lo de ser "inoportunx" ni eso de que "ya casi estamos en casa").

Para mí, dar la teta es una manifestación de poder.  En una sociedad misógina en la que continuamente se devalúa y pone en duda el valor, el alcance y la capacidad de las mujeres, en un mundo en el que se nos relega al papel de cenicientas incapaces de valernos por nosotras mismas y necesitadas de protección (¡qué esperanzas de que nosotras pudiéramos proteger a alguien!), en un mundo en el que la ciencia patriarcalizada se esfuerza por demostrarnos todas las cosas que nosotras no podemos hacer, todas las funciones naturales que tenemos "atrofiadas" u olvidadas, yo saco la teta y alimento a mi hijo así nada más: pudiendo.

Para mí, dar la teta es, además, un acto político. En un contexto en el que el cuerpo de las mujeres queda reducido al papel de satisfactor de necesidades del varón-adulto; donde es bien visto exhibir las tetas para vender; donde es normal mostrar las tetas si estas son rígidas, redondas y casi tocan el pescuezo, pero nos escandalizamos de ver escenas de tetas y bebés tomando la leche que éstas producen, las censuramos y denunciamos, yo saco mi teta asimétrica, colgante, fláccida, nutritiva y alimento a mi hijo.

No cedo a las presiones "bien intencionadas" de la mujer que pregunta a la orilla de la pista de hielo: "¡¿No tiene frío?!" Ni a los comentarios más cargados de prejuicio que de ciencia del respetable médico que me advierte que estoy "matando de hambre" a mi bebé de casi un año, mejillas coloradas, 12 kilos y 80 cm. No, no cedo.

La única presión a la que instintiva e instantáneamente obedezco es a la de un niño pequeño que confía en mí para resolver su necesitad inmediata e inaplazable; al principio de nuestra relación, con llanto, ahora con palabras: "¡teta, vol, mami!" (teta por favor, mami) cargadas, a veces, de una prisa ansiosa que me hace responder de la manera más animal e inmediata posible y, otras veces, cargadas de una ternura que me hace obviar el hecho de que me esté despertando por tercera vez en una misma noche.

Sí, es verdad, la leche materna es lo máximo en  nutrición para mi hijo. 

Y sí, a veces me maravillo contemplando la perfección de la obra de ingeniería avanzada que es mi cuerpo.

Y me encanta la sencillez con la que puedo resolver algunas necesidades de mi pequeño.

Y sobre todo: Sí, confío en mi cuerpo y en su capacidad de nutrir a mi hijo así, sin artificios, él y yo, nada más. Sin horarios, sin lugar fijo, sin equipo especial, sin plazos, sin la autorización de nadie y con tantos obstáculos, pronósticos y prejuicios en contra.  ¡Porque puedo y porque me da la gana!

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