La bendita capacidad de indignarse

Hace unos días tuve la desagradable experiencia de que un tipejo de poca monta, así sin más, comenzara a grabarnos en video a mis hijxs y a mí. Así nada más, porque le sale de los huevos. Se fue acercando hasta quedar a un paso de distancia y, "discretamente", nos grababa (discretamente para alguien que tenga el instinto Y la paranoia anestesiados, combinación que no aplica en mi caso).

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Supongo que va grabando niñxs por la vida para masturbarse mientras ve sus fotos y videos o para venderlos o intercambiarlos con gente de costumbres similares, no lo sé, lo supongo, no conozco ese "mundillo" y quiero creer que no nos espía específicamente a nosotrxs con intenciones de secuestrar a alguien o algo similar, aunque me queda claro que también podría ser, no sería el primer vándalo de ese tipo. Lo que sí me queda claro es que una persona con un poco de respeto, decencia, sentido común y, sobre todo, buenas intenciones, jamás haría algo así y con esa actitud.

Francamente, no sé qué es lo que más me cabrea y me decepciona de toda esta situación:

- que exista ese tipo de vándalos de camisa planchada;

- que te roben la tranquilidad de pasear con tus chiquillxs en un pueblillo bicicletero de unos 12,000 habitantes ubicado en un país que se autonombra desarrollado;

- que, cuando vas a denunciarlos, el cuartel de la policía esté cerrada porque su horario es de lunes a viernes de 9:00-16:30 con fines de semana cerrado;

- que tus contactos en las redes sociales, especialmente los cercanos a la localidad se queden impasibles;

- que no falte quien cuestione "¿cómo sabes que estaba grabándoles a ustedes?" como si yo hubiera mandado hacer el vídeo en un estudio de grabación;

- que con todo el movimiento que trajo la difusión del video de dicho ejemplar, te enteres de que existe una "asociación neerlandesa que trabaja por la aceptación de las relaciones sexuales entre adultos y niños";

- que leas sobre el tema y te enteres de que no es la única en el mundo.

La verdad es que, todo junto, sí cabrea y mucho. Toda esta situación me habla de una sociedad anestesiada, donde parecemos haber naturalizado este tipo de violencias a tal grado, que ya no conseguimos ni siquiera indignarnos, como si fuera una falta inofensiva: "Huy, qué mala onda", caritas tristes,  silencios...

Me tocó a mí ser la mensajera, estos males existen y nada ganamos con mirar para otro lado, lo único que conseguimos es que esa gentuza siga viviendo en la impunidad, paseándose a sus anchas con sus bermuditas bien planchadas y sus cigarrillos e imagen "de señor decente". Ahí está, es un suceso real, no creo, ni de broma, que sea un hecho aislado, los depredadores están al acecho, atacan en el lugar menos esperado, en los momentos en que intentamos relajarnos y disfrutar un rato con nuestra familia. Es real. Existe. Abran los ojos. ¡Tengan cuidado!

La denuncia se hizo en línea, la policía confirmó, vía electrónica, haberla recibido junto con las fotos y videos de 360° que hice del tipejo mientras nos grababa, esperaremos esta semana para volver a contactarles si no lo hacen ellxs antes.

Quiero agradecer a las personas que no están emocionalmente anestesiadas, a todas esas personas que se indignan cuando leen noticias desagradables, a las que sienten esa indignación en el cuerpo aunque el mal no se los hayan hecho directamente a ellxs, a las que levantan la voz ante las injusticias de todos los tamaños, a las que alientan a lxs cobardes que trabajan arduamente para recuperar su bravura y defenderse ante situaciones violentas y/o injustas, a las que no tienen miedo de mirar lo que hay e incluso involucrarse en la búsqueda de soluciones, a las que sienten y saben con certeza que necesitamos rehacer este mundo y, con sus acciones cotidianas, lo hacen: ¡GRACIAS!