El mito del tiempo de calidad

Este concepto tan "maravilloso" del "tiempo de calidad" que lxs ma/padres pasamos con nuetrxs hijxs me parece una trampa estupenda.

Muchas madres (y quizá también algunos padres) necesitamos que de vez en cuando algunos argumentos "bien montados" nos ayuden a quitarnos la inmensa cantidad de culpas relacionadas con la maternidad que parecen venir incluidas en el paquete del devenir madres. Uno de los más tramposos y apestosos es el del "tiempo de calidad".

Sin duda, un nocivo invento más del patriarcado, subdivisión capitalismo, para hacernos creer que, mientras pasemos 15 minutos diarios, eso sí, ¡DE CALIDAD!, con nuestxs hijxs, no pasa absolutamente nada, todo irá de maravilla y no habrá razón para preocuparnos o sentirnos culpables de salir a hacer trabajos remunerados fuera de casa y hacer que funcione sus sistema capitalista al que, sin duda, nuestrxs hijxs le importan muy poquito (hasta que estén en edad de producir, claro!), mientras nuestra prole pasa el día quién sabe con quién, quién sabe haciendo qué y aprendiendo quién sabe qué valores, actitudes, etc. de sus cuidadorxs de turno. 

Esto no es, en absoluto, una crítica  a las madres y a los padres que eligen cualquier sistema de vida que le funcione bien a su familia y que les haga felices. Lo que estoy cuestionando es la tramposa idea del popular "tiempo de calidad" que, al parecer, "subsana" toda ausencia ma/paternal. Cuestiono la mentira que nos venden como verdad, de que no importa que pasemos poco tiempo con nuestrxs hijxs, si ese tiempo es "de calidad".

Sin entrar en la obviedad de que, según la edad de lxs peques, este argumento del tiempo calidad será para ellxs más o menos válido (o, no), me limitaré a elucubrar razones lógicas únicamente: 

- Son "mejores" 30 minutos "de calidad", que 2 horas "de no calidad"?

- Qué es preferible, 10 horas de ausencia total rematadas por 20 o 30 minutos "de calidad", o 10 horas de presencia física con "ausencias" esporádicas, mamá/papá se "conecta" y "desconecta" de sus hijxs a intervalos, a lo largo de esas 10 horas (para lavar los platos, tender la cama, servirles el desayuno o platicar con una amiga)?

Y luego está la pregunta del millón: A qué llamaríamos "tiempo de calidad"? 

- Al tiempo que empleamos en cenar con nuestrxs hijxs a la vez que intentamos inculcarles "buenos modales"? 

- A sentarnos en el suelo a jugar con los cochecitos, las muñecas, los dinosaurios, etc.? 

- A sentarnos a leer historias con/para nuestrxs hijxs? 

- A enseñarles a lavarse los dientes o a bañarse "correctamente"? 

- A sentarnos junto a ellxs mientras miramos la televisión? Etc.

Como en todas las cuestiones de crianza, me parece imposible definir una receta mágica que funcione con todas las familias, todxs lxs niñxs, mamás, etc. Cada madre, cada padre encontrará, sin duda, escuchando a su instinto, la forma de pasar tiempo (a secas) con sus hijxs. Y como resulta que, al final somos humanxs, ese tiempo compartido nos dejará, a veces, un gusto de satisfacción, nos sentiremos orgullosxs de ese tiempo y actividades compartidos y otras, pues no tanto. Otras veces más, ese tiempo compartido nos dejará, crudamente, llenxs de arrepentimientos y remordimientos que, en el mejor de los casos emplearemos como guías para mejorar nuestra relación con nuestrxs hijxs.

Repito algo importante: este NO ES un juicio a las decisiones que cada madre y padre toman; esto es una crítica a un sistema tramposo y manipulador que deja a lxs niñxs al final de su lista de intereses y nos convence, a madre y padres, de que no importa que pasemos poco tiempo con ellxs porque ya podremos compensarlo con la "calidad" de ese poco tiempo que sí compartimos.

Porque, no sé ustedes pero yo prefiero que mi compañero pase conmigo todo el tiempo que sea posible (y sano para nuestra individualidad adulta) a que me dijera cada día: "me voy a trabajar 12 horas pero no te preocupes, cuando venga tendremos nuestra media hora de calidad." O peor: "Me voy de viaje tres meses pero cuando regrese pasaremos tiempo de calidad". Así entre adultos, conversándolo y todo, si fuese necesario, desde luego lo aceptaría (si no hay de otra!) pero eso no implicaría que me gustase. Tampoco sería garantía de que no me iba a cabrear cuando me sintiera sola con toda la carga o cuando necesitara hablarle de algo o alguien que me echara una mano. Ni que lo iba a recibir sin reproches a su vuelta, o sin una lista de quejas. Yo, adulta, que no dependo literalmente de mi compañero para mi supervivencia, prefiero que esté, que compartamos tiempo, que hagamos cosas interesantes y divertidas juntxs. Todas las que se pueda, todo el tiempo que sea posible. Ya me dirás un/a niño/a o bebé que depende de tus cuidados físicos y emocionales.

En fin, que tan ridículo y falso es este argumento de la compensación con "tiempo de calidad" tan promovido por el capitalismo que, como ya lo ha dicho mi pediatra favorito, Carlos González, seguramente jamás nos valdría para llegar con nuestrx jefe a informarle: "A partir de hoy solamente trabajaré dos horas diarias pero me pagarás por ocho, porque será tiempo de calidad". O, sí?

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