Amo mi ira

                                                                                        A E., por la complicidad y el empujón.

 

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Sí, la amo. Amo a esta gran incomprendida.

A pesar de los mandatos recibidos a lo largo de mi vida, la amo.

Aunque el Dalai Lama diga que no hay que darle la bienvenida, yo se la doy con un abrazo.

Aunque la santamadre, olvidando la furia de Jesús en el templo para expulsar a los mercaderes, predique que "el amor no se irrita", yo amo y me encabrono* con igual disposición.

Aunque en la escuela y la familia me hayan entrenado para no sentir, mi cuerpo sabio y mi alma sabia no saben de "educación" y si hay ira, la expresan.

Aunque a veces me cueste trabajo hacerlo de forma sana y a estas alturas de la vida aprenda apenas a gestionarla.

Es lo que tiene intentar castrar lo incastrable, que solamente contenemos el fluir natural de un río que, tarde o temprano tiene que seguir un cauce. Y yo ahora estoy aprendiendo a que ese fluir sea por el camino adecuado. Y a que su corriente no cause daños a su paso. A nadie.

Amo mi ira. Como amo mi alegría, mi tristeza, mi placer, mi dolor, mi ternura. Si puedo experimentarlas todas, será por algo, digo yo.

Amo mi ira que me indica cuando algo o alguien ha traspasado mis límites y me invita a dejárselos muy claritos.

Amo mi ira que me muestra aquello en lo que me he equivocado y que podría evitar la próxima vez.

Amo mi ira que me recuerda lo que deseo cambiar en mi vida y a la gente que prefiero sacar de ella.

Amo mi ira que me ayuda a recuperar la estabilidad y la armonía después de experimentar un desequilibrio.

En un mundo donde el llanto incomoda, donde el conflicto, en sí mismo, amenaza...

En un mundo donde se clasifican las emociones como "negativas" y "positivas"...

En un mundo donde se anima a vivir en la superficie, en el disfraz...

Donde se alienta a evadir aquello que ocurre en el alma de las personas...

Elijo abrazar mi ira, sentirla, llorarla, gritarla, morderla, berrearla, escucharla, amarla. Darle la bienvenida, respirarla, canalizarla, agradecer su mensaje.

Elijo bajar a las "temibles" profundidades de mi alma y escuchar lo que mi rabia (como cualquier otra emoción) tiene que decirme, hacia dónde debo canalizarla, cómo puedo restablecer mi armonía. Después de todo, para eso son las emociones, ¿qué no?

 

*En México, encabronarse es la expresión que se usa para nombrar el enfurecimento extremo.