La paz, las paces

Esta reflexión la escribí e ilustré el año pasado para Boreal, a propósito de tanto bla, bla, bla que escuchaba y leía con respecto a la paz y que, en algún momento, llegó a perder todo sentido y a convertirse en un ruido de fondo dejándome eso sí, con muchas preguntas. Hoy la recupero con pretexto del Día internacional de la paz que, según me recuerda La Calendaria, se celebra el día de hoy.

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Últimamente no me gusta hablar de paz como si fuera “la paz”. Me parece un concepto ya demasiado magullado y acomodaticio, ya no me dice mucho.

No quiero decir que sea pro-guerra, porque no es así pero… ¿Paz?

Paz, así, esas tres letras solas… No sé. Ya no sé qué significan y sospecho que cada quien las significa como mejor le conviene. Especialmente cuando hay brotes de violencia asesina, todo el mundo habla de construir la paz y yo solamente atino a pensar: Mmmm… ¿cuál paz?

¿Quiere la misma paz la vaca sacrificada para su consumo y el/la activista por los derechos humanos que se la come?

¿Buscan la misma paz el niño explotado en la plantación de cacao y el que se los come en navidades mientras canta “Noche de paz”?

¿Anhelan la misma paz la niña que fabrica la ropa de las muñecas y la niña que juega con éstas?

¿Desean la misma paz la mujer violentada en el transporte público (pero no tiene otro remedio que usarlo) que la mujer que toda la vida viajó en auto propio?

¿Busca la misma paz la persona que ha sido abusada por las personas que deberían haber sido su referencia de seguridad y respeto, que la mujer que creció en un ambiente familiar saludable y seguro?

¿Quiere la misma paz el león de vitalidad apagada a fuerza de ser prisionero, que lxs pacifistas que llevan a sus hijxs al zoológico los domingos?

¿Quieren la misma paz las mujeres que ganan 31€ al mes por extensas jornadas de trabajo, en Bangladesh, fabricando ropa, que las que la compran para estrenar en sus fiestas decembrinas?

¿Buscan la misma paz lxs personas homosexuales y transgénero, que lxs que encajan en la heteronorma?

¿Quiere la misma paz el ejecutivo-blanco-europeo-heterosexual que el campesino-anciano-analfabeta-“tercermundista”?

Y, ¿quiere la misma paz la profesora rural que se establece en el poblado lejano para enseñar a leer, que la académica de universidad privada con investigación financiada?

¿Busca la misma paz el señor senador que el vecino líder de la cooperativa de campesinos?

¿Es la misma paz la que quisiera la niña violada, que la que busca su violador en el silencio cómplice y la impunidad de su acción?

¿Necesitan la misma paz las personas explotadas en las plantaciones de té, que las señoras ricachonas que se lo beben en los eventos de recaudación de fondos para obras benéficas?

Todxs queremos construir “la paz”.

¿Pero al final, cuál es la paz que buscamos?

¿La que tranquiliza la consciencia de algunxs?

¿La que requiere justicia para todxs?

¿La que otorga premios Nobel a lxs fabricantes de guerras?

¿La que consiguen los pueblos a través de las armas?

¿La paz que da la inconsciencia, el cerrar los ojos?

¿Cuál paz?

¿La mía? ¿La tuya? ¿La suya? ¿La de quién?

¿Cuál de todas?

Ana Matricia.

Mi premenstrual, aliada enemiga

Ya sé, el título parece contradictorio, pero es que así siento esta etapa y enseguida voy a explicar por qué.

Ahora mismo estoy saliendo de una premenstrual que me arrastró por los infiernos y me hizo enfrentar fantasmas (the old and the new) que a ratos, sinceramente,  preferiría haber seguido ignorando. Y pude haberlo hecho, pero supongo que estaba preparada para dejar de hacerlo.

Mi premenstrual es mi "enemiga", en primer lugar, porque me muestra descaradamente (¡¿cómo se atreve?!) las cosas que no tolero en mi vida, las que no son parte de mi ser esencial o de mis mayores aspiraciones; me las restriega así sin más, ¡como si le hubiese preguntado su opinión! Y yo que tanto me he esforzado por racionalizarlas, por tenerlas en un segundo o tercer plano de atención, ¡qué premenstrual tan atrevida!

Mientras que en otras etapas soy condescendiente o más conciliadora, en la premenstrual me es imposible, es que, aunque quiera, no me sale, es una etapa en la que necesito ser mucho más leal a mi ser, es como si tuviera unas gafas especiales que no toleran ninguna distorsión favorable de la realidad: las cosas son como son, sin cubierta azucarada. En premenstrual todo se ve más claro y mi cuerpa así me lo dice (ya perdiendo la paciencia, si es que me lo venía diciendo desde hacía rato): "¡Que no, que no quiero salir!" "¡Que no, que no quiero hacerlo!" "¡Que sí, que quiero bajar el ritmo!", "¡Que quiero dormir!", "¡Que no puedo pasarlo por alto!", "¡Que quiero desconectar!", "¡Que necesito estar solaaaaa!", etc.

Esa visión tan clara de mis propias necesidades aplica también a las relaciones humanas, a los miedos, a los proyectos, etc. Así que, naturalmente, eso puede volverla también una "enemiga peligrosa": ¿A quién le apetece enfrentar al puñetero fantasma de los abusos que se vivieron en la infancia? (¡Sí, sí, es que la premenstrual me trae todos esos asuntillos pendientes, le da igual que sean de ayer o del día de mi nacimiento, si dan problemas en el presente, ella los trae para que los resuelva, punto!) ¿A quien le apetece ver lo incómoda que se está volviendo tal relación, o tal persona, o tal empleo? ¿A quién le apetece romper ese patrón neurótico de comportamiento que, si bien es tóxico, nos ha funcionado más o menos bien hasta ahora? A mí, la verdad, no siempre.

Y es que lo que en otra etapa del ciclo puede "resolverse" con un poco de racionalización y un "bueno, no es para tanto, tal vez estoy exagerando, vamos a intentarlo de nuevo", en premenstrual puede provocar más bien un "¡pero si siempre es lo mismo, estoy harta, no tiene caso seguir con esto!" Así de realista es mi premen.

Esta etapa es también mi aliada, entonces, por exactamente las mismas razones ya que, si bien no es plato de buen gusto enfrentar según qué asuntos pendientes, hacerlo es claramente indispensable en aras de continuar con mi crecimiento personal. Si mis aspiraciones fueran permanecer estática, supongo que daría igual pero, al ser una persona en desarrollo, la etapa premenstrual suele darme el empujón que me hace falta para tomar decisiones, romper círculos viciosos, derrotar fantasmas (o, al menos plantarles cara) y definir límites en la relación con otras personas. También es en esta etapa en la que tengo la oportunidad de reencontrar mi cauce en caso de haberlo perdido y ni si quiera haberme dado cuenta, es como una gran lupa que me hace más sencillo ver los obstáculos que anteriormente he obviado en mi camino.

El hecho de que mi premenstrual me invite con insistencia a priorizar-me, a ser más honesta conmigo, con mis necesidades y limitaciones, hace de esta etapa una aliada imprescindible en la búsqueda de mi ser más auténtica.

Me viene a la cabeza el ejemplo de las criaturas recién nacidas que, cuando empiezan a sentir hambre, van mostrando sutiles señales que, de observarse y atenderse oportunamente, pueden evitar que la criatura termine encontrándose, después de un rato, ante una necesidad ya avasalladora e inaplazable que suelen manifestar a través del llanto, cada vez más intenso. Creo que así es también la expresión de mi ser esencial, una vocecita que me habla sutilmente a lo largo de mi ciclo menstrual y que, de atenderla oportunamente, me conduce a una etapa premenstrual suave y fácilmente transitable mientras que, si fue ignorada o procrastinada a lo largo del ciclo, encuentra en la premenstrual la aliada perfecta y necesaria que la ayuda a, finalmente, hacerse escuchar. El suave susurro de mi ser esencial a lo largo de mi ciclo menstrual puede convertirse en gritos desesperados y ensordecedores en la etapa premenstrual si para entonces no he atendido a su llamado.

He de decir también, y lo escribo entre risas, que he transitado, en consciencia, una sola premenstrual suave y fluida. Y me da mucha risa porque esto implica, seguramente, que soy muy cabezota, no se lo pongo nada fácil a mi pobre premenstrual y casi en cada ciclo quedo en deuda conmigo misma. Años y años de educación patriarcal en la que uno de los pilares ha sido la desconexión de mi propia cuerpa no son algo fácil de deconstruir; el trabajo de re-conectar conmigo misma y, una vez conseguido esto, atender a mis necesidades, priorizándolas ante las de lxs demás, también contra todo aquello que me fue inculcado, especialmente a mí, representa un esfuerzo continuo, un proceso que requiere de mucha consciencia y en el que suelo dar un paso hacia adelante y dos hacia atrás, a pesar de todo. Y, sin embargo, mi etapa premenstrual no deja de ser una ventana de oportunidades, un momento de lucidez y honestidad que, vivida conscientemente, me ofrece diversas enseñanzas que, con algo de constancia, iré comprendiendo y aprehendiendo en el camino. Y de estas oportunidades y enseñanzas hablaré un poco más en la próxima ocasión.

Y tú, ¿cómo sientes tu premenstrual, más como tu aliada, como tu enemiga, o ambas? ¿Cómo te llevas con esa etapa? 

Ana Matricia

Empezar a observar mis ciclos

Algunas veces me han planteado la pregunta: ¿Por dónde empiezo a abordar conscientemente mi ciclo menstrual?

Lo primero y más honesto sería quizá un "no lo sé". Porque en realidad no creo que haya una fórmula mágica para empezar a hacerlo, cada persona es un mundo y, es más, cada ciclo de la misma persona es un mundo. Pero sí compartiré algo de lo que yo he experimentado y de lo que más me ha servido.

Aclaración importante: Lo que aquí comparto NO es una verdad absoluta y no hablo desde el atril de ninguna evidencia científica ni mucho menos (que las hay, pero no hablo desde ellas). Tampoco he pasado años y años estudiando el tema y compartiendo con miles de personas menstruantes alrededor del mundo. Esto que comparto es mi experiencia muy particular, es lo que A MÍ me ha servido, estorbado, llamado la atención, etc. A mí. Aclarado lo anterior, puedo continuar.

Como conté en una publicación previa, al principio ni siquiera tenía muy claro para qué quería observar y conocer mi ciclo, aunque sí me llamaba mucho la atención eso de que podría usarlo como mi aliado, en lugar de "ser su víctima" o "ir en su contra".

Creo que lo que más me ayudó fue empezar a observar detalles que, a simple vista, parecen insignificantes. Debo decir que yo los miraba como una jueza, ¿eh? "No debería estar tan cansada", "debería tener ganas de________", "¿por qué no tolero estar con nadie?", etc. Así que me pareció una buena idea sea intentar, al menos intentar, observar-me SIN juicios. ¿Cómo? Pues observando objetivamente y haciendo pequeñas anotaciones que, después de algunos ciclos de observación, empezaron a darme algunas pistas, por ejemplo:

-Hoy dormí X horas y me siento cansada (o descansada) al despertar.

-Hoy he comido menos, no me apetecía casi nada.

-Hoy he bebido muchísima agua y aún así me seguía sintiendo muy sedienta.

-Hoy no me apetecía levantarme de la cama.

-Hoy estuve muy irritable, me enfurecí por cosas que no suelen importarme.

-Hoy me fue sencillo poner límites.

-Hoy tengo muchos granos en la cara.

-Hoy estuve muy afectuosa, me era fácil mostrarme cariñosa.

-Hoy no toleraba la presencia de nadie, me habría gustado estar sola y en silencio.

Etc.

¿Cuál es mi punto de comparación para hacer esas observaciones? Yo misma, todo el tiempo YO. Mirando en cada momento los cambios, las desviaciones de lo que YO suelo ser, sentir, experimentar, etc.

En este sentido, he encontrado algún par de buenos aliados que han sido valiosas herramientas para ayudar a observar-me:

-Espejo. Para observar mi vulva y mi cérvix, su coloración, posición, qué tan abierto se encuentra. También oler y probar ha sido un ejercicio interesante para perder el miedo y pudor a mi propia cuerpa.

-WomanLog. Que es una aplicación para el móvil que, aunque no está diseñada con una visión cisgénero, es una de las más completas que yo he encontrado para la recopilación de información, este es un ejemplo de los datos que me ha ayudado a recopilar de manera sistematizada, lo que lo hace más sencillo.

 Esta es la vista general del ciclo, la aplicación tiene la ocpión de verla también en formato circular.

Esta es la vista general del ciclo, la aplicación tiene la ocpión de verla también en formato circular.

 Y estos son los aspectos que se pueden ir registrando sistemáticamente. 

Y estos son los aspectos que se pueden ir registrando sistemáticamente. 

 Esto forma parte de la vista de los síntomas diarios que se pueden ir registrando, la aplicación ofrece tres niveles de intensidad y al final aparecen reflejados en la visión completa del ciclo.

Esto forma parte de la vista de los síntomas diarios que se pueden ir registrando, la aplicación ofrece tres niveles de intensidad y al final aparecen reflejados en la visión completa del ciclo.

-Clue. Esta es también una aplicación que se puede descargar en el teléfono móvil y además está diseñada con una visión neutral de género (que el texto pierde en su traducción al español, desafortunadamente). Me gusta mucho que no solamente te indica los aspectos a observar sino que te da información sobre el por qué es conveniente hacerlo así que proporciona más herramientas para comprender e ir "atando cabos".

 Esta es la vista general del ciclo, la aplicación tiene la ocpión de verla también en formato circular.

Esta es la vista general del ciclo, la aplicación tiene la ocpión de verla también en formato circular.

 Categorías de información.

Categorías de información.

 Ejemplo de explicación de por qué es conveniente observar determinado aspecto dentro de las categorías anteriores, con referencias a datos o estudios que avalan tal explicación.

Ejemplo de explicación de por qué es conveniente observar determinado aspecto dentro de las categorías anteriores, con referencias a datos o estudios que avalan tal explicación.

 Ejemplo de explicación de por qué es conveniente observar determinado aspecto dentro de las categorías anteriores, con referencias a datos o estudios que avalan tal explicación. 

Ejemplo de explicación de por qué es conveniente observar determinado aspecto dentro de las categorías anteriores, con referencias a datos o estudios que avalan tal explicación. 

-Termómetro. Durante una temporal me dediqué a observar los cambios en mi temperatura basal pero no fui más allá de un ciclo porque, al practicar el colecho, me era difícil tener datos 100% fiables, ya que las criaturas, sus necesidades y movimiento son, obviamente, impredecibles.

-Disciplina. Dedicar al menos 5 o 10 minutos cada día a observar y hacer anotaciones de mis hallazgos.

-Consciencia. Poner atención a lo que hago, si lo hago con ganas o no; a lo que siento y cómo lo gestiono; a lo que no hago y mis razones para no haberlo hecho; etc.

-Referencias. Como al principio de este camino de autoconocimiento no tenía mucha idea de qué era lo que había que buscar/observar, las lecturas de blogs como Mujer cíclica, El camino rubí o libros como Luna Roja de Miranda Gray y el Manual introductorio a la ginecología natural de Pabla Pérez San Martín, me ayudaron a encontrar pistas sobre ello, ya que hacen profundos y extensos análisis sobre los cambios que suelen presentarse a lo largo del ciclo y lo que más o menos se puede esperar de cada etapa, dejando lugar, desde luego a la particularidad de cada experiencia.*

-La relajación del útero. Una técnica de relajación ideada por Mónica Felipe Larralde y que ella explica mucho mejor que yo en su blog, además de ofrecer gratuitamente los archivos de audio para practicarla. De mi experiencia con este ejercicio hablaré próximamente con mayor detalle. 

-Paciencia. A ratos he querido aprehender en unos meses lo que había pasado por alto durante años y años; me ha sido necesario recordarme continuamente que este proceso de autoconocimiento es algo que se va dando poco a poco (¡como conocer a cualquier persona! ) y que lo único que me garantiza el no llegar a conocerme es el hecho de no intentarlo. "Un paso a la vez" ha sido una filosofía de gran utilidad, además de la consigna de seguir observando aunque a veces me pareciera que no estaba entendiendo nada.

 Bueno, como ven, estas herramientas, a las que se puede acceder fácilemente, pueden darnos, en el tiempo, nuevas luces para la gran pregunta (a veces angustiante) "¿por dónde empiezo?"  ¿Qué tal, se animan? No es necesario comprometerse con todas a la vez, por supuesto, si se va integrando una por algunas semanas y después otra, paulatinamente, podría ser, incluso, menos abrumadora la experiencia del comienzo, eso ya dependerá de la motivación, deseos y objetivos de cada quien. Quienes ya llevan algún tiempo observando sus ciclos, ¿hay alguna herramienta que les haya facilitado particularmente las cosas cuando empezaban este camino de autoconocimiento? Les invito a compartirla en los comentarios.

Pues bueno, por el momento es todo, no me queda más que desearles feliz exploración, ¡feliz aventura! 

Ana Matricia

*Nota: El material que yo he encontrado sobre la menstruación, hasta ahora, tiene una perspectiva cisgénero y a mí me ha servido porque "encajo" en ese molde pero puede que, personas que no lo hagan, lo perciban diferente o no se vean del todo reflejadas en esas lecturas, pero como referencias, puede que les sean aún de utilidad, en alguna medida.

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Yo menstrúo

Después de una necesaria y nutritiva ausencia, vuelvo a mi blog trayendo uno de mis temas favoritos: la menstruación.

Al final del año pasado recibí, junto con mi Calendaria 2016 y otras bellas recompensas ofrecidas en su campaña de financiación colectiva, una libreta menstrual creada por Marthazul y Augusto Metztli, en la que proponen una serie de interesantes ejercicios, como colorear la frase "Yo menstrúo" con sangre menstrual.

Después de varios ensayos a lo largo de algunos meses, (se ha cocinado lentamente), éste ha sido el resultado inspirado por dicho ejercicio y se los comparto, hoy, como uno de mis delirios menstruales.

¿Tú cómo completarías la frase "Yo menstrúo _____________"? Si te apetece, compártelo en los comentarios.

Gracias por seguir del otro lado de la pantalla.

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Yo menstrúo:

  • Para mí.
  • De color rojo.
  • Lunáticamente.
  • Y abrazo la experiencia, aprehendo con ella, me conozco.
  • Abiertamente.
  • Escuchándome.
  • Y me empodero.
  • Y lo hablo, lo escribo, lo pinto, lo canto.
  • Con postura política, dueña de mí, respetándome, cuidando a la Tierra, confiando en mi cuerpa.
  • Y me gusta menstruar.
  • Como me sale del coño, ¡claro!

Ana Matricia

Día internacional de la lucha contra el maltrato infantil

Infancia.

¡Cuántas sensaciones evocadas con esa simple palabra!

Mirando en mi pasado, me lleno de temor, de dolor, de rabia, de impotencia.

Mirando mi presente, una sonrisa ilumina mi rostro.

Mirando su futuro, invoco la esperanza.

La infancia, esa gran olvidada en los planes de gobierno, en las instituciones educativas, en los espacios públicos, en el ámbito doméstico... Si a las mujeres nos va mal en esta sociedad patriarcal y jerárquica, a las criaturas les va aún peor. ¡Y si eres criatura y niña, ya ni te cuento, te tocaron las peores papeletas posibles!

No escribe estas líneas ninguna santa libre de pecados contra la infancia, todo lo contrario; para mí es un reto diario salir de la espiral de violencia en la que viví mi propia infancia para intentar ofrecer algo mejor a quienes tengo a mi cargo, al igual que muchas otras personas involucradas en la crianza. No siempre lo consigo. Pero nunca me rindo.

Yo, personalmente, nunca me di cuenta del tremendo abanico de formas de maltrato al que la infancia vive expuesta tanto en la esfera pública como en la privada, hasta que viví con criaturas. Y no porque mi infancia fuera miel sobre hojuelas sino porque, cuando al fin salí de esa etapa (realmente con mucha prisa, por cierto), más bien no quise regresar a ella, ni siquiera de visita (hube de regresar de todas formas, pero esa es otra historia).

Además de los maltratos en el ámbito doméstico, que son el pan de cada día, las criaturas se enfrentan a escuelas retrógradas, a leyes de educación impositivas y castrantes, a espacios públicos libres de verde, a leyes de "protección a la infancia" que no les protegen ni les toman en cuenta, etc.

Vivir con criaturas me ha demostrado que para ellas no hay espacio en nuestra sociedad: en los espacios públicos, por ejemplo, son, como mucho, toleradas, si no abiertamente ignoradas e incluso maltratadas con total descaro.

Tenemos, por ejemplo, la infraestructura de los espacios públicos, en este caso, de los restaurantes: sillas de bebé muy peque (o ni eso) o sillas de adultx (pareciera que, de 2 a 10 u 11 años no existiera nadie y que de los 80cm de altura pasáramos directamente al metro y medio); "zonas infantiles" de un metro cuadrado (cuando la hay), etc.

 "Zona infantil" en un restaurante local. 

"Zona infantil" en un restaurante local. 

Los menús infantiles en algunos lugares son una total falta de respeto a las criaturas, no les ofrecen sino alimentos fritos o exageradamente azucarados, opciones que no constan nunca en el menú de los adultos, ¡como si yo en casa me comiera lo mejor y les dejará a ellxs la basura!

Los parques infantiles suelen resultarme ofensivos, algunos espacios de áreas reducidas, carentes de todo verde, descuidados, peligrosos e insuficientes para la cantidad de criaturas que habitan los inmensos complejos habitacionales de ciudades grandes o pequeñas.

También están las incomprensibles leyes basadas en la sinrazón que prohíben a progenitorxs (el mundo al revés) educar a sus criaturas como mejor le convenza a su familia, aunque eso sea fuera de una institución educativa. Especialmente si es fuera de una institución educativa.

Si bien es obvio que algunos contextos son menos favorables que otros, es sumamente raro encontrar facilidades para ellxs, como lo que son: infantes. ¡No, que no son adultxs pequeñitxs! ¡No, tampoco son un objetivo de mercado! ¡Tampoco objetos que puede usted cambiar de sitio según le parezca que se ven más lindos! ¡No, no, no, no! ¡Tampoco son su futura mano de obra barata, oiga usted! ¡Son PERSONAS y son INFANTES!

Las criaturas tienen su propia agenda y cuesta mucho llegar a asimilarlo si no comprendemos que son seres humanxs completxs, con sus propias necesidades y deseos independientes de los nuestros, como nosotrxs, hoy adultxs, teníamos nuestros propios deseos y necesidades.

Es difícil llegar a entenderlo, sobre todo, si nosotrxs mismxs tenemos dolorosas infancias de las cuales nos sentimos responsables o las cuales no hemos conseguido sanar.

Por todo esto, en esta fecha creada "para fomentar los derechos de los niños a nivel mundial, así como para concientizar a la comunidad sobre las consecuencias del maltrato en infantes"  ,* me parece importante recordar que:

- En efecto, la violencia doméstica es un vicio lamentable que afecta a millones de criaturas alrededor del mundo.

- Las violencias domésticas suelen ser hijas y nietas de otras violencias que, afortunadamente, cada vez más padres y madres van desterrando de sus vidas, no sin esfuerzo.

- Las violencias domésticas suelen ser hijas de políticas sociales ejercidas contra las mujeres, las familias y ciertos grupos de población.

- Las madres y padres necesitamos trabajar no solamente en ofrecer un mejor ambiente doméstico a nuestras criaturas, que es ya mucho trabajo y además muy importante, sino también movilizarnos social y políticamente, exigir que, así como nos parece aterrador el maltrato a la infancia en el ámbito privado, también se reconozca como aberrante que las instituciones sigan ejerciendo sus violencias en contra de nuestras familias y de nuestrxs hijxs.

Igual que escribí en mi publicación de ayer sobre la violencia contra las mujeres, recuerdo en esta, respecto a las criaturas, que maltratarles y violentarles no equivale únicamente a gritos, castigos y golpes. También es maltrato a la infancia una estructura sociopolítica que no les toma en cuenta como seres humanos integrales y que además les pone las cosas de difíciles a imposibles, a las familias que ponen a la criatura como centro de su propio desarrollo y formación y este tipo de violencias menos perceptibles, por naturalizadas, también es necesario visibilizarlas y combatirlas.

Ana Matricia

 

*Definición compartida desde el sitio web de la Facultad de Ciencias de la Vida y la Salud, Universidad Autónoma de Entre Ríos, Argentina

Prendas equivocadas

¡Que luego digan que hacen la ropa para nosotras! He comprado una camiseta de esas para llevar debajo de la blusa, sin probármela, porque me gustó mucho. Es cierto que la tela no era mi favorita porque siempre prefiero el algodón pero me pareció que tener alguna prenda brillante para variar, estaría también muy bien si era tan bonita y de un color tan requetechulo como el color magenta, bugambilia muy intenso.

 La camiseta equivocada

La camiseta equivocada

Pues lavé la camiseta, la guardé con el resto de mi ropa y hoy, finalmente, la quise estrenar... Y la he usado por 10 minutos, no más. ¡Qué opresión! ¡Los 10 minutos más asfixiantes desde que dejé al novio que tenía en mi época de universitaria! ¡Fue quitármela y volver a sentir el aire y mi sangre fluyendo por mi tórax y mi cuerpa entera!

Dice la información que la camiseta es talla grande pero cuando me la he puesto me ha quedado totalmente ajustada, es el tipo de tela, elástica, pero sigue siendo talla grande y yo siempre compro la chica, especialmente en esa tienda. Así que asumo que debo haber comprado (equivocadamente, desde luego) una camiseta de su línea "correctora". Sí, porque tienen una línea "correctora", ¡como si a nuestras cuerpas (porque esto a los "pobrecillos varones que también sufren en sus carnes el patriarcado", no se los hacen) hubiera que corregirles algo! Nos han cambiado los papeles y vendido la idea de que las equivocadas somos nosotras y no las prendas que nos ofrecen, de que los errores que hay que "corregir" están en nuestras cuerpas y no en sus prendas.

La industria de la moda es una de las más claras expresiones de una sociedad misógina y falocéntrica, ¡hasta la ropa que usan las mujeres ha de estar pensada para los varones!

Cuando me he deshecho de la dichosa camiseta y he vuelto a sentir-me, me he quedado reflexionando: Y todas esas mujeres que compran y usan voluntariamente (y con consciencia) ropa "correctora", ¿de cuánto oxígeno se están perdiendo? ¿De cuántas sensaciones? ¿De cuánta vida?

Aniversario del natalicio de Simone de Beauvoir

"Nací a las cuatro de la mañana el 9 de enero de 1908, en un cuarto con muebles pintados de blanco que daba sobre el Bulevar Raspail. En las fotos de familia tomadas el verano siguiente veo a unas jóvenes señoras con vestidos largos, con sombreros empenachados de plumas de avestruz, señores con ranchos de paja y panamás que le sonríen a un bebé: son mis padres, mi abuelo, tíos, tías y soy yo. Mi padre tenía treinta años, mi madre veintiuno, y yo era la primogénita. "

Así comienza Simone de Beauvoir sus "Memorias de una joven formal" ; hoy sería su cumpleaños 108.

Icono del feminismo, comenzó por cuestionar el rol de vida asignado a las mujeres por el único hecho de nacer con ovarios y útero, por hacer notar la desigualdad de oportunidades y horizontes entre varones y mujeres y la falta de autonomía de éstas para decidir en sus propios cuerpos.

A estas alturas de la vida, sus motivaciones para defender los derechos de las mujeres siguen siendo vigentes, ha sido sin duda una madre de la causa feminista a quien agradecer mucho del camino que hasta ahora está recorrido en la materia y desde luego, muchos de los derechos que muchas mujeres de esta época damos por sentados.

Sea honrada su memoria y agradecida su labor en pro de las mujeres. 

 

 

 

Desear 101 deseos

No recuerdo si alguna vez he escrito propósitos de año nuevo, supongo que no. Lo que sí hago, desde hace unos 9 años, como enseñanza de mi querida maestra Laura, es escribir 100 deseos para el año entrante.

2013 y 2014 fueron años tremendamente intensos y "complicados" para mí, como lo saben las personas que han estado emocionalmente cerca, por lo que, a la entrada de un nuevo año, una sola cosa acerté a pedir: sobrevivir. Y está visto que lo he conseguido.

Yo diría incluso, que 2015 lo sobreviví hasta con algo de gracia, por lo que aquí estoy, dispuesta a pedir mis 100 deseos para 2016, todos en primera persona.

Y es que ahora sí me siento con la energía, con la confianza, con el humor de pedir. Me otorgo de nuevo el permiso de desear y no solo eso, desear para que se me concedan mis deseos.

La segunda acepción en la definición del verbo desear según la RAE,  es "Anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso."

Y yo creo que los anhelos son unas brújulas bastante precisas que nos ayudan a ver y  decidir por qué caminos y en qué dirección se quiere navegar la propia vida. Por eso creo en la importancia de los deseos, de permitirme anhelar cualquier anhelo que me venga del alma.

Y por eso mi deseo #101 para 2016 es que cada ser humanx sea capaz de escuchar y atender los anhelos de su corazón, de re-encontrar su propia brújula, a veces perdida en sus años de infancia o juventud, a veces perdida en la cuna, a veces perdida en un momento o una racha de tormenta. Deseo que tanto yo como mi familia, mis amigxs y seres queridxs seamos capaces de vivir, este 2016 y siempre, de acuerdo a nuestra propia brújula interna.

Mis mejores deseos y sobre todo SUS mejores deseos para cada unx de ustedes.

Feliz 2016! Feliz vida!

María Montessori

Compartir en este blog acerca de las mujeres en la ciencia está siendo toda una rica experiencia. Y es que no he querido quedarme con la información de la wikipedia para documentar mis textos sino que he querido saber más, comprender mejor, dar un significado en mi propia vida a la obra e historia de estas magníficas mujeres.

Yo nunca fui hábil en las clases de historia, eso de memorizar acontecimientos, nombres y fechas vacíos de significado no se me dio ni se me ha dado bien nunca, en ninguna área, no lo proceso. Mientras me documentaba sobre la vida de María Montessori, mi hija de 4 años me dio la maravillosa idea de buscar videos acerca de su vida y obra, que será siempre mucho más significativo para mí, que soltarme a leer como una loca y pasar los desafíos que pasé cuando era estudiante con su consecuente estrés.

Para muchas personas, como para mí, es más sencillo procesar y acomodar la información cuando llega desde varios canales de percepción.

La vida y obra de María Montessori es tan alucinante, que seguramente dará para más de una entrada. Y es que, ya desde el comienzo hay que darse cuenta de que, para ella como para toda mujer, haber contribuido a cualquier área del conocimiento tiene dos o tres veces más mérito que si fueran varones o que si el mundo estuviese libre de machismo. Y no, no estoy siendo sexista, solamente realista.

Porque es imprescindible reconocer que en el camino que llamamos "la Historia",  los varones han transitado en carrazos de último modelo, recién salidos de la agencia, con todos los gastos y comodidades pagadas y por autopistas modernas y de alta tecnología; mientras tanto, las mujeres ya se sabe que hemos transitado, en pocas palabras, como hemos podido, que podría representarse, sin temor a equivocarme, más o menos como pedalear en una bicicleta con la cadena descompuesta, cuesta arriba sobre una montaña, con maletas, tres críos a cuestas, sin dinero, con hambre y con frío, empeorando (o no) las circunstancias, según la época y contexto geográfico en los que hayamos tenido a bien nacer y crecer.

María Montessori no iba a ser la excepción, ¿verdad? Imaginemos el contexto para una mujer en Italia, finales del siglo XIX, con su cultura machista, tener la osadía de estudiar medicina. Viajo a su contexto y puedo imaginar fácilmente mucho de lo que aún hoy sigue vigente, pero antes a lo bestia y más normalizado, es más, legalizado: obstáculos, críticas, dedos señaladores, prejuicios sexistas, envidia... Y es que ¡¿cómo se le ocurría, en primer lugar, pensar por su cuenta?! A ver, estudiar pedagogía es una cosa, pasar el rato ahí con niñitxs, que es lo mismo que hace una buena mujer, una mujer "de familia" (siempre me pareció ridícula esa expresión), es una cosa peeeeero... ¡¿Estudiar medicina?! ¡Qué despropósito! La medicina es una ciencia, es algo serio, difícil, de categoría... ¡Es cosa de varones, en breve!

Los prejuicios de ser mujer y no estar encerrada entre cuatro paredes sirviendo a un varón (padre, esposo, hermano, hijo, da igual) y guardándole obediencia; el rechazo de una institución pensada exclusivamente por y para varones; la envidia de sus compañeros ante su capacidad y desenvoltura y la de las mujeres que jamás se habrían atrevido ni a soñar en abrazar un destino diferente al que les había sido impuesto en paquete con su combinación de cromosomas sexuales; las pruebas constantes a las que se enfrentaba para demostrar que sí podía, que sí merecía un espacio en la medicina, el gasto energético y emocional no solamente de hacer su trabajo y hacerlo bien, sino de saber que estaba bajo el ojo inquisidor 24 horas al día; la violenta presión patriarcal para elegir entre formar una familia o "ser alguien"; el inconcebible (para muchas, para mí) dolor de separarse de su único hijo por los prejuicios y la doble moral de la sociedad...

A veces vemos el legado de las grandes mujeres de la historia (y ya es ganancia) y lo percibimos como cualquier otro logro y no es así. Independientemente de los obstáculos que en su tarea hayan tenido que sortear también algunos personajes masculinos de la historia, sabemos que las mujeres sortearon eso y sortearon más por ser mujeres; es más, sortearon en sí mismo el hecho de ser mujeres (y lo seguimos haciendo, con consciencia o sin ella, eso da enteramente lo mismo), por ridículo que suene.

Por ello seguiré insistiendo en recuperar no solamente su obra, sino también sus historias, esas historias que nos son comunes, esas historias que han allanado el camino para nosotras, las que llegamos después y que, en un acto de justicia, y responsabilidad, hemos de seguir usando como ejemplo y guía para el desarrollo de nuevos modelos de educación y convivencia que nos ayuden a construir una sociedad más justa y equitativa para todxs lxs hijxs de la Tierra.

Habrá una segunda parte de María Montessori, la habrá; esta vez para recordar su importante legado en la educación infantil.

Ana Matricia